Sobre relojes y robos

Consigna: Escribir un cuento, que incluya: 1 objeto con un jeroglífico, 1 perro negro, 1 objeto filoso, 1 enano, 1 reloj antiguo, 1 espejo roto y que el Narrador o Narradora sea interno, en 1° persona.

Consigna: Escribir un cuento en el que aparezcan los 5 objetos que eligieron, de la siguiente manera: uno aparece dentro de un flashback (retrospección, recuerdo de uno de los personajes), otro es robado, otro es un amuleto de uno de los personajes o del narrador, el cuarto es parte del escenario y el último funciona como pasaje a otro mundo / situación / escena / estado de cosas.

Sobre relojes y robos

Estaba sentado en el estudio, como lo hacía todos los días. Eran las 5:07 de la mañana, y seguía leyendo. En mis manos se encontraba uno de los diarios de mi abuelo, quien estaba fascinado con los acertijos. Esa fascinación provenía de la larga tradición familiar. Hace décadas que mi familia, la familia Keen, se ocupaba de emprender viajes con la finalidad de buscar objetos de importante valor histórico. Hasta habíamos sido reconocidos por la Reina; quien nos agradeció por varios de nuestros descubrimientos, que implican una mayor comprensión de la sociedad a lo largo de la historia.

Mi nombre estaba ligado al prestigio, lo cual se observaba al mirar alrededor del estudio. Era un espacio grande con pisos de madera de sándalo y techos altos. Se encontraban, en dos de las paredes, ventanas altas, que acompañaban el largo de la pared. A través de ellas no se veía nada además de oscuridad.  Había un espejo de gran tamaño en una de las paredes, que reflejaba la poca luz que iluminaba la lámpara del escritorio. Por donde se mirará se podían encontrar distintos artefactos que habían sido adquiridos en distintas expediciones arqueológicas. Abundaban las vitrinas y los estantes, donde estaban posicionados estos artefactos. Había una estatua, que no podía medir más de 20 centímetros, con forma de enano. Al verlo me acordé del momento exacto en el que lo encontré.

Había una gruesa capa de nubes que no permitía que pasaran los rayos de sol, lo cual no ayudaba a mejorar las condiciones, hacía mucho frío y había humedad. La excursión había sido idea de mis papás, quienes tenían la expectativa de que yo me convirtiera en el siguiente mejor arqueólogo de la familia. Por el momento no había hecho ningún descubrimiento, apenas tenía 14 años, pero siempre estaba a la espera de alguna pista que me llevara a él. A veces me imaginaba cómo se sentiría, ser el siguiente Indiana Jones, pero Inglés.

Mientras hablaba con uno de mis mejores amigos, John, observaba mis alrededores. Había ido a Noruega una sola vez en mi vida, con mi abuelo; otro de sus tantos intentos de convencerme de seguir la profesión familiar.

Al estar distraído, tropecé y caí sobre la tierra húmeda. Me dolían las rodillas y podía sentir como mis pantalones se mojaban por el barro. Como no parecía estar lastimado me di vuelta a inspeccionar con que me había tropezado. Noté que no era una piedra lo que me había hecho tropezar, sino un objeto de color bronce. Desenterré ese extraño objeto y vi lo que era, una estatuita de lo que parecía ser un enano.

Volví al presente tras escuchar un gran ruido del otro lado de la puerta del estudio. No era de costumbre que hubiese ruidos en la casa, especialmente a estas horas del día. Pero me levanté de todas formas y fui a ver que estaba pasando. Estaba esperando encontrarme con Loki, mi Labrador negro, del otro lado, esperando para que lo sacara afuera. Pero no fue así.

Del otro lado de la puerta estaban parados 5 hombres vestidos de negro. No eran personas que yo reconociera, y si llegase a ser el caso, ellos no me dieron tiempo como para poder hacerlo. Segundos después de abrir la puerta los hombres se adelantaron hacia donde estaba yo, sin dejar espacio para que intentara escapar, y me agarraron. Uno de los hombres tenía una navaja, la cual estaba usando para amenazarme. Me empujaron contra la pared y me sujetaron. A pesar del cuchillo yo intentaba con todas mis fuerzas para salir de su agarre, si lograba acercarme al reloj todo iba a estar bien.

Mientras tres de los hombres metían los objetos de los estantes, vitrinas, cajones, y cualquier otra cosa que encontraran, en bolsos, yo pensaba en mis opciones. No iba a permitir que el trabajo de toda mi vida cayera en las manos equivocadas. Ante mi inquietud uno de los hombres se abalanzó hacia mí y me clavó la navaja en el estómago. Era un dolor insoportable, uno que nunca había sentido antes. No era la primera vez que me clavaban un cuchillo, pero era la primera vez que estaba solo y sin ayuda. Como todavía me podía mover, forme mi siguiente plan. No iba a morir sin intentar defenderse. El objeto más cercano, que todavía no habían guardado, estaba a mi izquierda, y sin pensarlo dos veces, me lancé para agarrarlo.

Eso no terminó siendo una buena idea. El hombre que estaba más cerca, a mi derecha, fue el primero en reaccionar, y de la nada, me encontré siendo empujado hacia una pared.

En el momento que mi cabeza hizo contacto con la pared mi visión se puso negra, me sentí mareado y me retumbaron los oídos. Miraba, sin poder moverme, desde mi lugar en el piso, como se llevaban todas mis cosas.

Después de minutos, que se sintieron como horas, los hombres parecían estar terminando con su saqueo. No pude evitar sentirme aliviado cuando vi que se estaban por ir. Sin ninguna mirada hacia mi, se dieron vuelta y se fueron.

Hubiese corrido detrás de ellos, pero todavía estaba mareado y me costaba estar parado con el dolor que tenía en el abdomen.

Cuando finalmente se me aclaró la vista, me acerqué a una de las ventanas. Desde ahí se podía ver la entrada de la casa, donde había una reja, la cual debería haber evitado que esas personas entraran a mi casa. Debido a que todavía era temprano, y seguía estando oscuro, no había nadie en la calle. Solo se podía ver un auto gris, grande, con ventanas polarizadas, que se iba con rapidez.

Suponiendo que los hombres no iban a regresar me relajé un poco. Di la vuelta para evaluar la situación en la que se encontraba el estudio. El espejo, que había estado colgando en la pared opuesta a mi, estaba roto. Consecuencia directa de cuando me tiraron contra él. En los estantes no quedaba nada. Se habían llevado todo. Ninguno de los objetos que yo había encontrado estaba, ni el enano. Había gotas de sangre por la mayor parte del piso donde yo había estado parado, y donde estaba parado en el momento, mirando por la ventana.

Tenía una sola manera de resolver todo esto, usar el reloj. Me moví con rapidez, tirándome al piso, ignorando el dolor, hacia una de las maderas que lo conformaban. Golpeando uno de los bordes de la madera se levantó el lado contrario; ya liberada, la levante e inspeccione el interior.

La caja estaba envuelta en un trozo de tela. Y dentro de la caja estaba el reloj. Llevaba por encima una leve capa de tierra que, a pesar de la caja y tela, había logrado traspasar. Sople el polvo, para inspeccionar los jeroglíficos que tenía por debajo.

Ya parado, con el reloj en la mano, me prepare. Recordé todo lo que había sucedido en la última hora, cada detalle del suceso que viniese a mi mente. Todo eso me iba a servir después.

Presione una de las escrituras del reloj, cambiando el tiempo de 6:30 a 5:00.

En menos tiempo del que me hubiese tomado pestañear fui envuelto en oscuridad. Flotaba en el aire, sin sentimiento de gravedad y sin poder respirar. Un sentimiento que me causaría ansiedad, si no fuese por el hecho de que terminó tan rápido como empezó.

Y ahora estaba sentado en el escritorio. El reloj en la pared marcaba las 5:00 de la mañana. Todos mis preciados artefactos estaban en sus lugares. Todavía no habían entrado a robar.

 

 

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